Artículo escrito por Por Alex Abad
La inflación, entendiéndose como el incremento general de precios de una canasta básica de bienes y/o servicios, está impactando al mismo tiempo, diversas zonas económicas del mundo con cifras porcentuales históricamente nunca vistas. Estamos siendo testigos de cómo EEUU, la Zona Euro, África y América Latina lidian con ella y como sus bancos centrales están tomando las medidas necesarias para que esta pueda reducirse en el menor plazo. Un instrumento clave para combatir la inflación es subir las tasas de intereses de referencia, porque de esta manera se desincentiva el consumo y se contrarresta el alza de precios. Hasta este punto, la teoría económica nos ayuda a comprender la causa y el efecto detrás de todo. Sin embargo, hay algo que la teoría misma no considera porque da por descontado que los agentes económicos son racionales, y que incluso a pesar de tomar decisiones buscando sus propios beneficios, no ponen en riesgo el mercado, la libre competencia y el comercio internacional. Asimismo, hay algo llamativo y diferente en esta ocasión: cada región está tomando medidas que van a impactar negativamente a todo el mundo y no están siendo del todo coordinadas. Incluso el Fondo Monetario Internacional, la semana pasada señaló que “lo peor está por venir” y que una subida indiscriminada de las tasas de intereses va a terminar siendo un remedio mucho más perjudicial que la propia enfermedad.
En medio de toda esta vorágine, algunas grandes corporaciones, están aprovechando este sombrío panorama internacional para obtener una ventaja que está fuera de lo racionalmente admitible Tanto empresas de consumo masivo como petroleras han incrementado ostensiblemente sus ganancias en los dos últimos años, debido a un régimen continuo de incremento de precios, “amparados” por la coyuntura, y que está perjudicando al consumidor, al punto de llover sobre mojado (se incentiva más la inflación y no la salida de ella). Por lo tanto, este desempeño está siendo cuestionado en gran manera por muchos especialistas, aunque para otros es irrelevante, dado que consideran que son los gobiernos mundiales los que están gestionando en mala forma el problema y que las empresas deben protegerse.
Hace unas semanas atrás, la BBC publicó un informe al respecto, donde se acuña el concepto de “greedflation” al fenómeno inflacionario global actual. Es un término en inglés que usa dos palabras: “greed” (codicia) más “inflation” (inflación). Por lo tanto, este concepto pondría en evidencia, que el mal manejo de la oferta de dinero en el mundo para cubrir las deudas que dejó la pandemia, y sumado a ello, el desmesurado incremento de precios por parte de ciertas corporaciones asociadas al mundo del consumo masivo y de energía, sólo puede deberse a una sola palabra detrás de todo: codicia. Y es que quizás, estos agentes económicos tienen sus propios intereses, producto de las malas decisiones en política monetaria (por el lado del gobierno), así como de la especulación y ganancias sin medida (por el lado de las empresas). El problema central es que de mantener ambos agentes este comportamiento, se podría desencadenar una crisis económica mundial, que ni los propios especialistas se atreven a dimensionar en su total y real magnitud.
¿Qué nos deparará el futuro? Los próximos meses serán claves y el 2023, es muy probable sea el año más retador para la economía mundial de las últimas décadas. Y deberíamos estar preparados, no sólo como país sino como ciudadanos, sea cual fuere el escenario.

